Me apetece mucho verte, me escribe.
Controlo las ganas y las guardo en un cajón, no te emociones, hasta que no le tengas delante todo son palabras vacías. Las nuevas tecnologías han servido para muchas cosas, pero en el mundo del amor, suelen servir para crear esperanzas banas y distracciones efímeras.
Me imagino cómo será cuando le vea, invento conversaciones y divago sobre cómo me sentiré si me besa. Todo innecesario y absurdo si decide dejarse llevar por el miedo y nunca se convierte en realidad.
Siempre será mi punto débil, esa persona que jamás olvidaré cómo me hizo sentir, en parte tengo ganas de saber si seguirá siendo así después de tantos años. O si, ojalá, mi corazón habrá superado aquel amor adolescente no correspondido. Quiero que vea la mujer en que me he convertido, mi seguridad y mi fortaleza, no a una chica alocada que haría cualquier cosa por él.
Debería dejar de darle vueltas, ¿debería olvidarme de él? ¿Dejar de esperar a que me responda? Eso solo me dejaría con la duda y no sé si podría vivir con ella. Aunque suponga arrastrarme una última vez, lo haré por mí, para cerrar esa puerta de una vez por todas. O cruzarla y disfrutar por fin, de quien pudo ser el amor de mi vida.

