Estoy estancada. Atrapada en una encrucijada de nuevo. Sin saber hacia dónde moverme. ¿Has estado alguna vez tan agobiado por la vida que, ese mismo agobio te impide avanzar? Pues ahí me encuentro. Además, en todos los aspectos de mi vida.
El trabajo, no me va mal, estoy a punto de cumplir mi sueño de publicar mi primer libro. Pero tampoco me va bien, pensar que no voy a ganar dinero en mucho tiempo con eso, me deja de nuevo en el ahora. ¿de qué vivo ahora? Tendré que trabajar de algo que no me gusta de nuevo, tendré que rebajarme a un trabajo horrible de nuevo. Y la sensación de rechazo absoluto es aturdidora y constante.
En la familia, todo sigue igual. Podrías pensar que eso es algo bueno, pero, en mi caso, es simplemente agotador. La constante necesidad de mi alrededor me deja vacía, hueca, sin ganas. Odio estar aquí, pero ¿a dónde voy a ir?
Y en el amor… ¿qué decir? Más perdida que nunca. Quiero el amor de verdad. El que siempre he soñado, el que creo que merezco. Pero no llega. Y cuando parece llegar, viene disfrazado. Aquel niño del que me enamoré anda de nuevo en mi camino, ya hombre, espero, cruzándose disimulado una y otra vez. Sin hablarme. De vez en cuando me ve, me guiña un ojo y se marcha. Dejándome aquí perdida, soñando con que vuelva a pasar por esta encrucijada. Mientras tanto disfruto la espera, ahogando mi corazón maldito en las caricias de otro cuerpo, que no es el que ansío, pero me ofrece calor y compañía. Y eso es más que su guiño fugaz y sus ilusorias palabras.
Así que aquí me quedo, en el cruce de caminos, en la toma de decisiones, en el sopesar de las opciones. Dejando que la ansiedad de dar el paso me consuma y me hipnotice, dejándome paralizada en un bucle infinito sin tiempo, donde debo luchar, repetidamente, contra lo que tengo dentro.

